Llegamos al mundo con una capacidad asombrosa para maravillarnos ante
todo aquello que nos rodea. Conforme vamos desarrollando el lenguaje,
movidos por esa curiosidad innata, comenzamos a hacer preguntas acerca
de todo lo que despierta nuestra atención. Los animales de madera,
pintura y papel que habitan este libro lo tienen muy claro. Cada astilla
de su cabeza aguarda impaciente a que llegue su turno de pregunta sobre
temas tan cercanos como un tarro de miel y tan grandes como la luna o
el mar. Un libro que nos invita a no perder la curiosidad, sin parar de
celebrar el misterio de la vida.