Todos aman a Clara, de David Foenkinos, es una novela que explora el poder de la escritura para darle sentido a la vida y, a veces, para complicarla. A través de tres personajes inolvidables, Foenkinos trenza una historia que combina sensibilidad, ironía y suspense: una adolescente que atraviesa una transformación esencial tras un accidente; un padre en conflicto que asiste a un curso de escritura; y un escritor que, tras un gran éxito, ha renunciado a escribir pero no a enseñar la disciplina que lo definió.La narración avanza con una prosa ágil y precisa, capaz de pasar de la mirada íntima a escenas que revelan la convivencia entre lo privado y lo público. La metamorfosis de la joven no es solo un cambio físico, sino un cambio de percepción que arrastra a quienes la rodean, desde su padre hasta el profesor de escritura, cada uno obligado a enfrentarse a sus propias verdades, miedos y anhelos. En ese cruce, el libro plantea preguntas sobre la responsabilidad del artista, la naturaleza de la creatividad y el instinto humano de contar mundos para entender los propios.El escritor que dejó de escribir, pese a su éxito, se convierte en un espejo de la propia literatura: enseña, corrige, comenta, pero también escribe por dentro. Sus clases se vuelven un terreno donde las historias de los alumnos revelan lo que cada vida tiene de cuento y lo que cada cuento tiene de vida real. El tono es a la vez lírico y contundente, con una ironía sutil que aligera momentos de tensión y evita que el drama se vuelva inaccesible. La novela sabe jugar con el suspense sin recurrir a golpes de efecto, privilegiando la emoción genuina y la reflexión sobre el destino, la elección y la posibilidad de redimirse a través de las palabras.Todos aman a Clara convoca a lectores que disfrutan de ficciones que eligen la inteligencia sobre la grandilocuencia, que valoran las historias que hablan de arte, de memoria y de la fragilidad de las personas. Es un libro para quienes desean acompañar a personajes en su viaje hacia la verdad, sin perder de vista el sabor de la ironía y la belleza de una prosa que, como la propia escritura, permite ver más allá de lo evidente.