De un día para otro han irrumpido en el centro mismo de nuestro devenir, y venimos a recordar que estamos vinculados, que siempre hemos estado vinculados, ontológicamente ligados, y que no podemos impunemente pretender existir separados del mundo y de los otros. Se trata de ver que el exilio del ser humano impuesto por la Modernidad fue una ficción, y que lo único que esta crisis nos ha permitido experimentar de manera positiva es que los lazos nos constituyen.La fragilidad es experiencia, práctica concreta y no un saber sin suelo. Esto nos exige desarrollar un pensamiento y una acción que integre la racionalidad, pero no la irracionalidad de los relativismos identitarios ni la híper-racionalidad de la máquina algorítmica.
Nos invita a un pensamiento que nos permita comprender los lazos sutiles y las consonancias que estructuran los ritos sociales e individuales con los ritmos de lo vivo, con la experiencia del sentido común.
No vamos a asumir el desafío ecológico de la mano del pensamiento lineal racionalista que ignora la complejidad de los cuerpos y de los ecosistemas.