A Alejandro Correa lo mataron, en la puerta de su casa en Concón, con un disparo en la cabeza en el 2020. No fue una bala loca, fue una pagada, premeditada y perversa por unas tierras usurpadas. Esa bala tenía por encargo la vida del padre de Valentina y el duelo de sus cercanos. Un libro honesto, en la voz de una mujer que, atravesada por la pérdida, se niega a ser definida por ella y exige justicia ante un Estado cargado de desidia y burocracia.