Un sacerdote no se puede casar, no puede abandonar a su rebaño. No puede romper la sagrada confianza que su parroquia ha depositado en él. Un sacerdote no puede abandonar a su Dios. Reglas por las que Tyler Bell prometió regir su vida, después de una tragedia familiar. Y siempre se le ha dado bien seguir las reglas. Hasta que apareció Poppy Danforth. Desde el momento en que escuchó su voz a través de la pared del confesionario y no pudo quitarse sus pecados de la cabeza, supo que estaba perdido.